Las fuerzas populares de algún lugar, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, se concentran para hablar de las víctimas innecesarias del sistema.
El karaoke, ese dispositivo que trampea la voz y enaltece la disonancia para hacernos creer que somos doctos y aptos para el canto, solo es un mecanismo banal que el grupo Muégano Teatro –que se presentó en la penúltima jornada del Festival de Artes Escénicas–, utiliza para un extraño develamiento.
Y esto acontece en un espacio y un tiempo con presentes claros, que tienen apelativos. La obra (Karaoke, extraña concentración de fuerzas populares) construida con semejanzas y aliteraciones, se conjuga con el verbo traslucir.

