Termina el Festival de Música Contemporánea en Quito

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“Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más…”.

En esta frase del capítulo X del libro del Apocalipsis se inspiró el organista, pianista y compositor Olivier Messiaen (1908-1992) para componer “El Cuarteto para el Fin de los Tiempos”, una de las más esperadas obras del XI Festival de Música Contemporánea.

La pieza, compuesta en 1940, fue escuchada el viernes último en la Casa de la Música, en la capital.



El Festival cerró el sábado con un picnic acústico en la Universidad San Francisco de Quito, tras seis días de conciertos y charlas especializadas que se realizaron en diversos espacios de la ciudad y que contaron con la presencia de artistas que han abordado lo contemporáneo en la música, tanto del país, como del extranjero.

A las 20:30 de ese penúltimo día de las jornadas, el violín y el piano que forman parte del Ensamble Atempo, del Ircam (Instituto de Investigación Musical y Acústica) de París, iniciaban el magistral concierto con el “Tema y variaciones para violín y piano”.

La obra, compuesta por Messiaen en 1932, como regalo de bodas para su prometida, la violinista y también compositora Claire Delbos, transmitió un aire de nostalgia y delicadeza, a través de una estructura modernista. Acto seguido, “Impromptu”, de Diógenes Rivas, obra compuesta en homenaje a Messiaen, fue impecablemente interpretada al piano por Dimitri Vassilakis, integrante del ensamble.

Alrededor de las 21:00, el público aplaudía al conjunto musical completo que entraba en escena. Sona Khochafian, en el violín; Pierre Struch, en el violonchello; Vassilakis, al piano; y Eduardo Spinelli (invitado), en el clarinete, arrancaron con el primero de los ocho movimientos de la soberbia obra, la cual tuvo una destacada interpretación.

“El cuarteto para el fin de los tiempos” es una memorable composición de la contemporaneidad, ya que fue escrita mientras Messiaen se hallaba en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Allí -azarosamente- se encontró con un violinista, un chelista y un clarinetista.

Gracias a la existencia de un piano maltrecho, logró estrenar la obra en el mismo campo, en 1941, dejando una de las piezas más originales de la historia de la música.

Estudioso y amante de la música de Stravinsky, la ornitología y las culturas musicales como la japonesa y la hindú, Messiaen plasmó diversos sonidos, rítmica, tonalidades y -sobre todo- colores provenientes de estas experiencias. Esto se aprecia en “El cuarteto…”, obra de una sonoridad cristalina y una atmósfera llena de misterio y algo de tensión.

Esta obra no solo hace referencia al capítulo del Apocalipsis, sino al uso particular del tiempo, en cuanto a simetrías y tonalidad.

De hecho, Messaien fue el descubridor de “los modos de transposición limitada”, que se basan en la escala cromática de doce notas (tonos y semitonos), con la cual se crean grupos simétricos en donde la última nota del anterior es la primera nota del siguiente, lo cual se logra subiendo o bajando un semitono. Esta transposición es limitada, porque luego de un cierto número, se regresa a las primeras notas.

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