Hay sobre el escenario dos cantantes, vestidas con ligeros y coloridos trajes originarios de los lares del litoral esmeraldeño.
Detrás de ellas, el soporte acostumbrado para un formato de jazz las acompaña, arropando a las voces con los retazos armónicos con que intuyen, los asistentes más atentos, el recomienzo del Jazz in situ.

