Convergence 1.0 en el escenario parece una de aquellas imágenes de un sueño en un mundo inexistente. Una lluvia de pelotas apareció en el escenario del Teatro Bolívar, la noche del martes.
Esa lluvia era una proyección digital sobre una tela negra, transparente, que permitía ver a Verónica Soboljevski, quien con sus manos hacía sonar un violonchelo, cuya música marcaba, por momentos, el ritmo de los malabares de Guillaume Bertrand, quien también estaba en escena.
Esta imagen de sueño fue uno de los clímax durante la hora y media de presentación de esta compañía francesa, que mezcla las artes vivas con la informática.
Bertrand parecía una figura más del ‘software’ por sus movimientos. El trabajo corporal de Bertrand hizo que el público piense que el malabarista estaba inmerso en un mundo donde sus manos daban vida a unas pelotas reales, que luego se confundieron con las circunferencias proyectadas por un programa informático, elaborado por Adriem Mondot, creador de este espectáculo.
Durante la narrativa, Bertrand daba muestra de sus habilidades con las pelotas; sus manos jugaban con la gravedad; pero -súbitamente- su cuerpo iba lento, al compás del violonchelo y de un ‘sampler’. Las pelotas ya no eran reales sino creadas digitalmente. Bertrand se relacionaba con lo virtual y hacía una sola imagen.
La composición visual era una mezcla de luces, sombras, aparición y desaparición de objetos y creaciones inverosímiles. Por momentos, Bertrand era amigo de las pelotas con los cuales jugaba a ser un malabarista experto, pero también ellas se convertían en antagónicas del espectáculo, se revelaban y lo perseguían.
Él creaba figuras a su antojo, pero ellas también crearon íconos de seres humanos formados por ellas mismas, con su propia vida y su propia expresión.
La intención de este proyecto es mostrar los mundos improbables que inventa un malabarista mediante una proyección visual. Además, se exhibe la dicotomía de la fantasía y la pesadilla.
Toda esa mezcla de movimientos de un ser humano, un juego de luces y sombras, música y tecnología se llevan en un solo acto, matizado por el asombro y el humor para que el público se sienta parte de esa escena inverosímil.
Figuras de aparente cristal aparecían en sus manos mientras el malabarista se encontraba dentro de una circunferencia gigante. En este juego, casi interminable, Bertrand y el programa informático se revelaban ante la gravedad y parecía que en el escenario del teatro las pelotas flotaban en el aire y solo el malabarista conocía la clave para guiarlas.
El publico que llegó al Bolívar se dejó cautivar por lo sorprendente del juego con la gravedad del malabarismo. Las 300 personas respetaron el silencio requerido para la concentración de los artistas y solo al final explotaron en aplausos casi interminables.
Fuente Diario El Comercio
{mxc}
| Comentarios |
|
3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."
| < Prev | Próximo > |
|---|

